Origen de la vela

El hombre siempre ha buscado la forma de prolongar la luz del día, ello, provocó que se crearan diversas técnicas para llevar la luz a la obscuridad, como resultado de ello, fueron las velas; sin embargo, no surgieron como las conocemos hoy en día, sino que también fueron parte de una evolución constante así como los avances e inventos tecnológicos.

Se cree que en un inicio se utilizaban piedras ahuecadas y rellenas con grasa animal y servían como lámparas o con resinas de plantas.

Se tiene registro que en el antiguo Egipto utilizaban papiros enrollados y empapados en sebo o resinas.

En China se utilizaban tubos de papel de arroz enrollado para formar la mecha y la cera se obtenía de insectos además de combinarlas con semillas.

En otras civilizaciones se hacían velas extraídas de frutos secos o hirviendo el fruto del árbol de canela.

La utilidad común de las velas o lámparas era alumbrar los hogares así como las ceremonias religiosas, ejemplo de ello, data de 165 a.c., en el Festival Judío de las Luces, denominado Hanukkah, teniendo como elemento primordial la iluminación de las velas, como recuerdo que durante el proceso de rededicación del templo, la lámpara que lo iluminaba se mantuvo encendida durante ochos días, cuando en realidad solo tenía aceite para haber durado uno solo y en honor a ello es que durante esta festividad las velas de un candelabro especial de nueve brazos se enciende progresivamente, una cada noche hasta completar ocho.

En el Sigo IV, con el emperador Constantino, se tiene registro que instauró el llamado al uso de las velas durante un servicio de Pascua.

Sin duda, la expansión de las velas se dio en la Edad Media, ya que previo a ello, se utilizaba mucho el sebo, el esperma de la ballena, la grasa animal en general para lograr iluminar, teniendo un olor desagradable así como un humeo constante, pero fue en esta época donde se empezó a trabajar con la cera de abeja, la que aportó los beneficios de que no humeaba y que su aroma era agradable, lo que ocasionó que fuera de uso exclusivo para el clero y para la clase alta, teniendo como consecuencia de ello que su costo fuera alto y las velas de sebo siguieron fabricándose para la clase baja.

Ante la demanda de las velas, es que se consolidó el oficio de Cerería, mismo que continua hasta el día de hoy, pero sin alta demanda como en aquel entonces.

Posteriormente, con la Revolución Industrial y los avances tecnológicos de aquella época, el químico francés Michel Eugene Chevreul, descubrió el método para extraer el ácido esteárico de los ácidos grasos animales; desarrollando el aditivo que aportaba que una vela fuera dura, tuviera más tiempo de duración y que el quemado fuera limpio, lo que prevalece hasta el día de hoy. 

Otra aportación y avance de las velas fue en 1834, cuando Joseph Morgan inventó una máquina que permite la producción continua de velas moldeadas utilizando un cilindro con un pistón móvil para expulsar las velas a medida que se solidificaba; contribuyendo a que se pudieran producir velas en mayor cantidad y que su costo fuera más accesible a las masas.

A partir de 1850, los químicos aprendieron a separar la sustancia cerosa natural del petróleo y refinarla, dando lugar a la parafina, tal y como la conocemos actualmente y con ello, se empezaron a crear velas que quemaban limpiamente y sobre todo más económicas que las velas de cera de abeja; aunque en principio tuvieron el problema de que tenían un bajo punto de fusión; problema que se superó cuando se le agregó el ácido esteárico.

Tras dichos inventos las velas fueron un elemento esencial en todo hogar para iluminaren la oscuridad, sin embargo, con el invento e introducción de la bombilla en 1879, la fabricación de velas empezó a decaer.

Aun cuando la energía eléctrica desplazó la utilidad de la vela, ésta no ha desaparecido, ya que la misma se ha adaptado a la actualidad, ya que si bien es cierto, no se utiliza para alumbrar como en la época antigua es verdad que sigue siendo solicitada para ceremonias religiosas, de rituales, para meditar, como regalo de decoración o de recuerdo; es por ello, que se sigue considerando un arte que sigue vivo; además de la connotación espiritual que en otra ocasión abordaré.


 

 

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